Nuestro día en Málaga

No quiero plantear este post cómo una ruta (aunque lo sea), porque en Málaga existen tantas rutas como personas. Depende de cada uno escoger la proporción perfecta entre compras, gastronomía, arte, playa y cultura. Es por eso que aquí os contamos nuestro día sin pretender contaros lo que deberíais ver en Málaga.

Como nosotros nos alojábamos al otro lado del río Guadalmedina comenzamos nuestro día cruzando el río y paseando por la Calle Compañía. Aquí los amantes del arte encontrareis una buena primera parada en el Palacio de Villalón, sede del Museo Carmen Thyssen Málaga (1). Como nosotros no hicimos esta parada poco os podremos contar del museo más allá de lo que aparece en Google.

La Calle Compañía acaba desembocando en la plaza de la Constitución (2), el centro del casco histórico de Málaga. Esta era la antigua Plaza Mayor y aquí podréis encontrar la Oficina de Turismo, nuestra primera parada real en la ruta.

Desde aquí también arranca la Calle Larios (3), la calle comercial más importante de la ciudad. Aunque las compras no sean lo vuestro, la calle en sí tiene su encanto y se engalana para varias ocasiones. En este caso, una alfombre roja recorría el centro de esta calle peatonal y una exposición fotográfica nos recordaba que el Festival de Málaga estaba a punto de comenzar.

Desde aquí nos dirigimos a la Catedral de Málaga (4), un rompecabezas que hará las delicias de los aficionados a la Historia del Arte. La Catedral empezó a construirse en 1528 en estilo Gótico, pero con el tiempo la cosa fue cambiando. A los restos del proyecto gótico inicial hay que añadirle el estilo renacentista y los decorados barrocos añadidos después. Eso sí, no creáis que con esto acabaron las obras. La Catedral se quedó inacabada por falta de fondos y esto le ha valido el ápodo de “La Manquita”. La entrada cuesta 6€, pero por 4€ más se pueden visitar también las cubiertas.

Las tres puertas de la fachada decoradas con marmol rosa y blanco

Fachada de La Manquita

Desde aquí nos fuimos directos a visitar La Alcazaba, el Teatro Romano y el Museo de Málaga. Estos tres puntos están muy cercanos entre sí por lo que os dejamos a vosotros elegir el orden de visita (que ya sabéis que eso no altera el producto).

Nosotros visitamos primero La Alcazaba (5), un palacio fortaleza construido entre los siglos XI y XV por los musulmanes. Aunque este palacio estaba conectado con el Castillo de Gibralfaro, que visitaremos más tarde, ya no se puede pasar de una construcción a otra por La Coracha, sino que cada monumento tiene su propio acceso. Aun así, vale la pena hacerse con la entrada combinada a ambos monumentos por poco menos de 4€.

En primer plano dos mesas de mosaico de la cafetería de la Alcazaba y de fondo las vistas

Desde la Alcazaba se empiezan a intuir las vistas que habrá desde el Castillo de Gibralfaro

Desde aquí visitamos el Teatro Romano (6), que estuvo en uso desde el siglo I a.C. hasta el siglo III de nuestra era. Se puede ver la exposición y acceder a las ruinas de forma gratuita.

Tras el teatro se ve la entrada a la Alcazaba

Por último, entramos al Museo de Málaga (7), que se ubica en el antiguo Palacio de la Aduana. Aquí se expone tanto la colección de Arqueología, como la de Bellas Artes. Obviamente a mí la que me tiraba era la primera, pero al final salí más maravillada por la museografía en sí que por la colección. El museo fue reabierto al público hace muy poco y la renovación del museo es bastante buena (lo siento si aquí me ha salido la vena profesional).

Vitrina con anforas y otras cerámicas

La museografía tiene un estilo muy actual

Desde aquí nos dispusimos a subir al Castillo de Gibralfaro (8), una ruta muy sencilla si usamos el autobús de la línea 35, pero bastante agotadora si decidimos hacerlo a pie. A nosotros llamadnos masoquistas, porque hicimos lo segundo. Esta fortaleza se construyó sobre las ruinas de un faro fenicio, de ahí el nombre, por orden de Abderramán III.

Vistas desde Gibralfaro. Se ve el puerte y hay mucha vegetación

A medio camino a pie que sube al Castillo hay un mirador que vale la pena

Tras bajar volvimos a optar por añadir un poco de compras al día y, después de pasear por el Palmeral de Las Sorpresas, nos sumergimos el centro comercial del Muelle 1. De esta manera llegamos a uno de los dos únicos faros con nombre de mujer de España: La Farola de Málaga (9).

Y aquí llega el momento gastronómico de nuestra ruta, y es que de Málaga uno no se puede ir sin pasar por la Bodega El Pimpi (10). Bueno, en general de Málaga no te puedes ir sin comer y beber como un descocido y eso es lo que hicimos. De todos los bares que hay, os recomendamos este porque es el más mítico, aunque ya que estoy, y por si acaso hay algún vegetariano leyendo esto os recomiendo también el restaurante NicPic (11). Está muy cerca de la plaza de la Merced y la comida y el ambiente son geniales.

Una alfombra roja con motivo del Festival de Malaga nos guia a la entrada del Pimpi

Esta es sólo una de las diferentes entradas de la Bodega El Pimpi

No hemos hablado aquí de otros grandes museos como el Museo Picasso o el Centre Pompidou Málaga simplemente porque no los visitamos. En esta visita decidimos priorizar historia y gastronomía, pero estoy segura de que la próxima visita será totalmente nueva y sorprendente. ¿Cuál es vuestra fórmula perfecta para visitar Málaga? ¿Priorizaríais los museos de arte o añadiríais la playa como parada obligatoria? Sea cual sea vuestra proporción la ruta que os salga no os dejará indiferentes.

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