Dos días en Edimburgo

Poneos cómodos que viene un post largo: porque sí, quizás Glasgow se ve bien en un día, pero para Edimburgo os van a faltar horas con dos. En primer lugar, antes de ir de sitio en sitio a todo correr, toca mimetizarse un poco con el ambiente. El acento escocés no lo vamos a pillar en dos días, pero aquí el nombre de la ciudad, al menos, hay que decirlo bien. Olvidaos de las clases de inglés (a menos que vuestro profesor fuera escocés) porque aquí Edinburgh se lee “Edinbura”. Con esto claro, comencemos la ruta.

   DÍA 1: LA OLD TOWN

El esquema básico que os encontraréis en casi cualquier post sobre Edimburgo es dedicar un día a la Old Town y otro a la New Town (a nosotros nos llama tanto lo viejo que tardamos poco en volver a la Old Town en el segundo, pero eso ya lo veréis). Así que, para no contradecir a la mayoría, hemos seguido el mismo modelo. Y como no, para este primer día vamos a seguir también el mismo eje: la Royal Mile.

La Royal Mile es la calle más importante de la Old Town, por no decir que de toda la ciudad, y ¿a qué no adivináis cuanto mide? ¡Correcto! Mide una milla escocesa (1,8 km), aunque bien podía haber sido un truco como lo de la Guerra de los 100 Años, esa que en realidad duró 116. Esta vía conecta el Castillo de Edimburgo con el Palacio de Hollyrood, que será nuestro punto de partida. ¿Por qué empezar por Hollyrood? Siento no tener una respuesta de peso para esto, pero el único motivo fue que era lo que teníamos más cerca del alojamiento. Ahora bien, vosotros podéis seguir la dirección que queráis. Eso sí, si es la contraria os tocará ir leyendo esto hacía atrás (un reto interesante ¿no?).

LA PUERTA DE LA GALERÍA DE LA REINA FUE EL INICIO DE NUESTRA RUTA

El Palacio de Hollyroodhouse o, simplemente, Palacio de Hollyrood (1) es, actualmente, una de las múltiples residencias de su Majestad la Reina, pero no siempre tuvo esa función. En un primer momento, allá por el siglo XII, se fundó aquí un monasterio, por lo que os recomendamos que, aunque no entréis, os paseéis por la parte de atrás del edificio para ver las ruinas de la antigua Abadía. Posteriormente, a partir del siglo XV, la abadía se convirtió en la sede de las coronaciones reales y se construyó en estos terrenos el palacio en sí, donde residieron los reyes de Escocia (mientras los hubo).

AUNQUE NO ENTRÉIS AL PALACIO PODÉIS VER PARTE DE LAS RUINAS DE LA ABADÍA DE HOLLYROOD

El siguiente punto de interés no está muy lejos (ya veréis que en esta ruta cada pocos metros hay alguna cosa), ya que se halla justo enfrente del Palacio. Nos referimos al edificio del Parlamento Escocés (2), uno de los edificios más modernos, en cuanto a estilo se refiere, de Edimburgo. Al hacer la ruta en este sentido quizás aún no podréis daros cuenta de hasta que punto este edificio rompe con la estética de la ciudad, pero os retamos a buscar algún otro edificio que se le parezca. Os va a resultar muy difícil… Además, de este edificio hay que recalcar algo que nos llena de orgullo y satisfacción: ¡está hecho por un español! (al menos a nosotros esto nos hincha el orgullo). En este caso se trata de un arquitecto catalán, Enric Miralles, del que quizás conocéis la rehabilitación que hizo para el Mercat de Santa Caterina en Barcelona.

Pero sigamos el camino de baldosas amarillas (léase la Royal Mile) en dirección al castillo. Nuestra siguiente parada es la Iglesia de Canongate y, más concretamente, su cementerio (3). Empecemos por la Iglesia, ¿recordáis que en Hollyrood había una abadía? Esta Abadía se reutilizó como capilla para la Orden del Cardo antes de que se convirtiera en las ruinas que hay ahora. Sin embargo, como la Orden del Cardo era tan católica hubo que reubicar a los fieles protestantes. ¿A dónde? A Cannongate, una iglesia que se construyó con ese fin en 1688.

LA IGLESIA QUE SUSTITUYÓ A HOLLYROOD

En cuanto al cementerio, mi referencia a las baldosas amarillas no iba en balde porque si seguís las baldosas con el nombre de Adam Smith llegaréis a… ¡Sorpresa! La tumba de Adam Smith. Por si a alguno no le suena de nada este economista, simplifiquémoslo en que Adam Smith es al capitalismo lo que Karl Marx fue para el comunismo. Para saber más siempre quedará la Wikipedia.

SEGUIR ESTE CAMINO DE BALDOSAS “AMARILLAS” LLEVA A…

Antes de dejar la Iglesia atrás, tenemos que hacer mención a los famosos closes, estrechos callejones que salen a ambos lados de la Royal Mile. Si bien estos callejones suelen llevar a patios de vecinos con más o menos encanto, en este tramo de la calle hay uno que merece especialmente una visita. Se trata del Dunbar’s Close, cuya entrada está justo al lado de la Canongate Kirk. No os diremos que hay dentro para que os pique la curiosidad y no os lo dejéis atrás.

UN ADELANTO DE LO QUE OS ENCONTRARÉIS

Ahora sí que podemos seguir nuestro recorrido por la Royal Mile, ¿hasta dónde? Hasta el fin del mundo. Sí, sí, hasta “The World’s End” (4), un pub que aparte de cerveza nos dará una lección de historia. Y es que este bar marca el lugar donde se alzaba la antigua muralla que delimitaba la ciudad y que, para los habitantes de la misma, significada nada más y nada menos que el “fin del mundo”.

En la misma manzana del pub se encuentra también el Museo de la Infancia (5), un museo al que nosotros fuimos el segundo día, pero del que, por su ubicación, vale la pena que os hablemos ahora. Se trata de un museo que muestra una colección de juguetes que despertará la nostalgia de todo el que entre, tenga la edad que tenga. La entrada es gratuita y, a pesar de tener cinco plantas de exposición, es un museo que se ve rápido, por lo que no os robará mucho tiempo.

Por ahora es una ruta fácil de recordar y lo seguirá siendo porque aún no nos vamos a desviar de la Royal Mile. Tras la parada en Tron Kirk (6), una antigua iglesia que actualmente acoge un mercadillo permanente; llegaremos a un tramo en el que se concentran varias atracciones, como la Catedral de St. Giles (7) o The Real Mary King’s Close.  Sobre el segundo sólo os podemos decir que encabeza nuestra lista de pendientes para cuando hagamos un segundo viaje, pero en la catedral y lo que la rodea si que nos detendremos.

UN MERCADILLO DIARIO EN TRON KIRK

A la Catedral de St. Giles también se la llama High Kirk of Edinburgh (Gran Iglesia de Edimburgo), un nombre mucho más acertado si tenemos en cuenta que tras la reforma, la Iglesia de Escocia no cuenta con la figura del obispo y sin obispo no hay catedra. Sin embargo, la llamemos como la llamemos, su visita es casi obligatoria. En su interior sólo se pueden hacer fotos si pagas un permiso que cuesta unas 2£ y que no pagamos porque personalmente no me gusta la fotografía dentro de iglesias (como fotógrafa novata no consigo que me salgan fotos decentes con estas luces).

POR FUERA PODÉIS HACERLE TANTAS FOTOS COMO QUERÁIS

En torno a la Catedral encontrareis hitos interesantes como la estatua de Hume, que os dará suerte en los estudios si le tocáis el dedo gordo del pie (enseguida notaréis cuál es) o el corazón de Midlothian, un mosaico en el suelo en el que según marca la tradición hay que escupir. La verdad es que nosotros no íbamos con la intención de ir escupiendo sobre el pavimento escoces así que obviamos el cumplir con la tradición, pero como estas son de las curiosidades que a mí me gustan os cuento de donde viene esta práctica. En este punto se encontraba la antigua prisión, por lo que hay dos teorías sobre quién iniciaría esta tradición. Por un lado, puede que fueran los propios ciudadanos los que escupiesen en la entrada como muestra de su repulsión por la prisión o bien que los que escupiesen fuesen los prisioneros que habiendo sido liberados no encontraban mejor forma de expresar su rabia sin que volviesen a enchironarlos por ello. Dejamos en vuestras manos el elegir que versión os queréis creer, así como la decisión de si seguir la tradición o no.

SE NOTA EL DEDO QUE HAY QUE TOCAR, ¿NO?

Y VOSOTROS, ¿ESCUPIRÉIS O LO DEJARÉIS PASAR?

Nos acercamos al tramo final de la Royal Mile (o inicial si decidís empezar este paseo por el castillo). En este último tramo hay algún que otro close que llama la atención, como el Lady Stair’s Close, que os llevará al Museo de los Escritores, otra de nuestras visitas pendientes. Pero nuestra siguiente parada no es otra que el propio Castillo de Edimburgo (8).

VISTA GENERAL DEL CASTILLO DE EDIMBURGO DESDE LA NEW TOWN

Nosotros la visita al Castillo la hicimos en el segundo día (ya os avanzamos que la New Town no nos tanto rato y volvimos a la parte vieja). Sin embargo, os avanzamos aquí qué os encontraréis en el castillo para no mezclar estas cosas en el relato del segundo día.

El Castillo de Edimburgo es la atracción más visitada de la ciudad así que, en principio, no os la podéis perder. Decimos en principio porque esto fue lo que nos hizo decantarnos por visitar el castillo en lugar de The Real Mary King’s Close (sobre todo teniendo en cuenta el precio de ambas atracciones). No decimos que nos arrepintamos de esta decisión, pero la visita al Castillo no nos gustó tanto como esperábamos. Esta visita dura alrededor de unas tres horas y en ella podremos ver, entre otras cosas, las Joyas de la Corona (incluida la famosa Piedra del Destino) o el Memorial Nacional de la Guerra de Escocia.

Desde aquí iniciamos nuestro descenso hacía Grassmarket (9). Como veréis, Edimburgo cuenta con varios niveles de edificios, lo que en algunos casos se debe a accidentes geográficos (no hay más que ver el promontorio en el que se alza el Castillo de Edimburgo) y en otros a la superposición de calles (de ahí de The Real Mary King’s Close sea un close subterráneo). Pues bien, Grassmarket se halla en una de estas depresiones de la ciudad, lo que concuerda con su triste historia. Esta plaza, que ahora destaca por su actividad, fue en el pasado el sitio en el que se llevaban a cabo las ejecuciones públicas. Como testimonio de ello, algunos pubs han elegido nombres que evocan este pasado, como The Last Drop, un bar cuyo logo no deja de ser una horca.

La siguiente calle que llama nuestra atención es Victoria Street (10), una calle que nos reconectará con el nivel superior de la ciudad. Esta calle es, probablemente y debido a su colorido, una de las más bonitas de Edimburgo. Pero no os quedéis sólo con las fachadas de colores, porque aquí se concentran tiendas tan peculiares que dudo que podáis resistiros a curiosear en ellas.

ESTAS FACHADAS DE COLORES ALBERGAN TIENDAS MUY PECULIARES

Como os decía, esta calle conecta el nivel de Grassmarket con el nivel en el que se encuentra George IV Bridge, calle a la que nos dirigimos para hacer una parada express en The Elephant House (11). Ya tardaba en salir el tema de Harry Potter, pero no os preocupéis porque ahora vienen un par de referencias. La primera es esta cafetería, considerada como el lugar en el que nació todo. J.K. Rowling vivía en Edimburgo en el momento en el que escribió Harry Potter y la Piedra Filosofal, primer libro de una saga que marcó la infancia de más de uno, incluida la mía. Y, ¿dónde lo escribió? Pues no nos engañemos, lo escribió en muchos pubs, pero este se ha ganado la fama de ser en el que escribió sus primeras líneas.

AQUÍ NACIÓ HARRY POTTER

Sigamos ahora hacía otra de las paradas relacionadas con Harry Potter, aunque con otras muchas historias que contar: el cementerio de Greyfriars (12). Dejemos la mención a Harry para el final, empecemos hablando de Bobby. De camino al cementerio os encontraréis una estatua (y también un bar) que rinde homenaje a este pequeño terrier que se mantuvo junto a la tumba de su dueño hasta que murió.

EL PERRITO MÁS FIEL DE ESCOCIA

La historia es, sin duda, preciosa, por lo que pararemos nuestra explicación aquí, dejándoos a vosotros la decisión de si quedaros con la historia del perro fiel o indagar en busca de la historia alternativa. En cuanto a la mención a Harry Potter que os he prometido, lo que también encontraréis en este cementerio es la tumba del mismísimo Lord Voldemort. Y es que J.K. Rowling no sólo se inspiró en los escenarios que veía, sino que sacó muchos nombres de sus personajes de este cementerio, incluido el de Thomas Riddell.

Volvamos ahora a George IV Bridge para visitar el Museo Nacional de Escocia (13). Después de haber visitado el museo de Kelvingrove en Glasgow, tuvimos una especie de deja vu al entrar en este museo y es que, salvo porque no es galería de arte, se trata de un museo de temáticas muy similares. Personalmente, creo que el museo de Glasgow tiene más encanto, pero a nivel de contenido el de Edimburgo gana por goleada, ¿dónde más ibais a poder ver a la oveja Dolly disecada? Así que sí, en nuestra opinión hay que ver ambos, nada de dejar uno por haber visto el otro.

NO OS PODÉIS PERDER LA COLECCIÓN DEL MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA

llegamos a la última parada del día, aunque espero que hayáis guardado algo de energías porque no es el final relajado que os podéis estar esperando: es hora de subir al Arthur’s Seat (14). Calculad que necesitaréis dos horas para esta visita y que en la cima sopla el viento (vamos, que me llevéis una rebequita que luego refresca). Esta montaña, de 251 metros de altura, es uno de los mejores miradores de la ciudad, ya que desde su cima podréis ver Edimburgo al completo.

NO SUPE LO REALMENTE CERCA QUE ESTABAMOS DEL MAR HASTA QUE VÍ ESTO

Además de las vistas, Arthur’s Seat esconde un misterio sin resolver. Un misterio que además nos sirve para poner en común las dos últimas visitas del día. Cuando estéis en el Museo Nacional de Escocia, buscad unos ataúdes en miniatura. Estas miniaturas fueron halladas en esta montaña y su significado sigue sin quedar claro. Una de las teorías nos lleva a hablaros de la faceta más terrorífica de Edimburgo: la de los asesinos Burke y Hare. Estos señores se crearon un negocio de lo más lucrativo: iban matando gente y vendiéndoselos a la escuela de anatomía (como veis lo de donar el cuerpo a la ciencia es un invento mucho más reciente…). Casualidad o no, el número de muertes que se les atribuyen a estos asesinos en serie coinciden con el número de ataúdes: diecisiete. Buena historia para irse de vuelta al hotel ¿no?

   DÍA 2: LA NEW TOWN

Llegamos al segundo día y os presentamos para hoy una ruta algo más corta (con la de la Old Town quizás se nos fue la mano…). Como ya os hemos ido avanzando, este día nosotros entramos a algunas atracciones de la Old Town que sólo habíamos visto por fuera, como el Castillo de Edimburgo o el Museo de la Infancia, pero todo esto vino después de nuestra ruta por la New Town.

Nuestra primera parada del día fue Calton Hill (1), una colina que compite con Arthur’s Seat en vistas. Si bien las vistas de Calton Hill son imprescindibles, la colina también se caracteriza por sus monumentos, muchos de ellos bastante “fallidos”. ¿Por qué fallidos? El mejor ejemplo para justificarlo es el Monumento Nacional, una imitación inacabada de los templos griegos que se tuvo que quedar a medias porque se quedaron sin dinero. Otro monumento que hace bonito, pero no utilidad, es el Observatorio, que os quedará genial en las fotos, pero desde el que no se observa gran cosa. Pero nos dejamos de quejar, sobre todo para que no parezca que no nos gustó el parque, nada más lejos de la realidad.

POSTAL MÁS TIPICA DE CALTON HILL

UN TEMPLO INACABADO COMO EJEMPLO DE LOS MONUMENTOS FALLIDOS DE CALTON HILL

Desde aquí nos incorporaremos a Princes Street, el equivalente de la Royal Mile en la New Town. Pero antes, entrad al Antiguo Cementerio de Calton Hill (2). Este cementerio daría para un post entero, una entrada, que todo sea dicho, sería bastante macabra. Como no es plan de alargarnos más, intentaremos conformarnos con contaros sólo un par de curiosidades, como la de que aquí encontraréis la tumba del señor al que le sobamos el dedo gordo del pie el día anterior: David Hume. También encontrareis aquí un monumento presidido por el propio Abraham Lincoln y erigido para homenajear a los escoceses que lucharon en la Guerra de Secesión: el monumento a los caídos en la Guerra Civil Americana.

EL MONUMENTO CON ABRAHAM LINCOLN Y EL MAUSOLEO DE HUME

Por último, no podíamos dejar de haceros un comentario sobre el gran obelisco que se levanta en el centro del cementerio. Nos referimos al Monumento a los Mártires Políticos, pero más que hablaros de los mártires en cuestión preferimos contaros que se trata, también, de un faro de almas. Estas construcciones sirven para guiar a las almas de vuelta a casa y en este cementerio hay dos: este y la propia estatua de Lincoln de la que hablamos antes.

De vuelta en Princes Street, nos detendremos en otro de los escenarios clave de la historia de Harry Potter: The Balmoral (3). Si The Elephant House se ha ganado la fama de ser el lugar en el que se empezó a escribir la saga de Harry Potter, una de las suites de este hotel de lujo tiene el honor de ser donde se escribieron las últimas líneas (como se nota que los primeros libros tuvieron éxito, ¿no?). Otro detalle curioso de este hotel es que, debido a su cercanía a la estación de trenes, su reloj se adelantó tres minutos para evitar que los habitantes de Edimburgo perdiesen sus trenes. Este truco se mantiene todos los días del año excepto durante el Año Nuevo (entrar tres minutos antes en el siguiente año no debe traer muy buena suerte…).

Si habéis leído también el post sobre Glasgow, quizás recordareis que os pedí que os quedaseis con un nombre, el de Sir Walter Scott. Este literato, que en Glasgow preside la plaza principal de la ciudad, en Edimburgo cuenta con el monumento más grande jamás creado para un escritor. El Scott Monument (4) se halla en el Princes Street Gardens, unos jardines por los que os animamos a pasear después de deleitaros con este monumento.

CON ESTE CIELO PARECE UN POCO MALIGNO PERO ES UN MONUMENTO IMPRESIONANTE

En nuestra ruta dejamos atrás la Galería Nacional de Escocia, un museo que, aunque nos lo recomendaron, no llegamos a visitar. En lugar de esta parada, teníamos prevista la visita a Charlotte Square (5), el lugar en el que cada agosto se celebra el Edinburgh International Book Festival.

TUVIMOS LA SUERTE DE LLEGAR A TIEMPO PARA EL ULTIMO DIA DE FESTIVAL

Tras callejear un poco más por la New Town llegamos a la conclusión de que echábamos de menos la Old Town, por lo que volvimos a esta zona con el objetivo de retomar las visitas que habíamos dejado pendientes. Si en vuestro caso conseguís exprimir aún más que nosotros el primer día, cuando os canséis de la New Town podéis optar por pasear por alguno de los barrios de las afueras, como Leith o Stockbridge (nosotros esto lo hicimos en la mañana del tercer día aprovechando nuestras últimas horas en la ciudad antes de volar a Polonia).

SI OS SOBRA TIEMPO NO OS PERDÁIS STOCKBRIDGE

Como veis, nuestra lista de pendientes después de dos días y medio en Edimburgo es larga y variada, pero, ¿qué mejor excusa para volver a verla? ¿Y a vosotros? ¿Os quedaron muchas cosas pendientes después de vuestra primera visita? O si no habéis ido aún, ¿os hemos convencido para que alarguéis la vuestra?

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2 thoughts on “Dos días en Edimburgo

  1. Creo que me he enamorado de la Victoria Street y de que en esta ciudad los puntos de interés estén cerca los unos de los otros. Primero porque significa que hay muchos, y segundo porque se aprovecha mucho mejor el tiempo que si has de caminar media hora para llegar de un lado a otro. Ojalá pronto pueda ir a ver Edimburgo… eso sí, con tres días por delante para que no sienta que me faltan horas con dos!

    1. Miriam

      Hola Judith!
      Ojalá descubras pronto Edimburgo y te puedas enamorar en persona de Victoria Street y sus tiendas. El único problema de que los puntos de interés estén tan seguidos es que muchas veces acabas teniendo que volver atrás porque te has saltado uno 😅, o al menos eso nos pasó a nosotros, nos empanábamos con algo a un lado de la calle y nos perdíamos dos cosas del otro lado (sobre todo closes)
      Un beso,

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