Un día en Glasgow

En este post pretendo romper una lanza a favor de Glasgow: ¡ya está bien de tratarla como la “fea”! Muchos fueron los que nos dijeron que Edimburgo era la “bonita” y vale que quizás tenga más para ofrecer y que Edimburgo no se vea en un día, pero ¿por qué eso significa que por defecto Glasgow es fea?, ¿quién dijo que eso era motivo para no enamorarse de Glasgow? Aquí y ahora yo os digo que vayáis a Glasgow, que no os la podéis perder. Y ya que estamos os diremos como aprovecharla al máximo en un día…

Como ya es habitual en nosotros, no podíamos empezar el día en un sitio mejor que en un parque (como nos gusta el verde…). En esta ocasión, el parque por el que tenéis que pasar sí o sí es Glasgow Green (1). Este parque no sólo es el más grande de la ciudad sino, también, el más antiguo, ya que lleva ahí desde el siglo XV. Sin embargo, aunque el parque esté ahí desde la Edad Media, os daréis cuenta de que los monumentos que en él se alzan son bastante posteriores, como el Monumento al almirante Nelson, un señor muy del siglo XVIII.

Glasgow Green y, al fondo, el Monumento a Nelson

A parte del citado monumento (un obelisco de más de 40 metros de altura) acercaros también al People’s Palace, un centro cultural diseñado para el pueblo y que sigue manteniendo parte de sus funciones iniciales, ya que todavía alberga un museo (no en broma en la inauguración del edificio se dijo que estaría “open to the people for ever and ever”). Nosotros solemos empezar estas rutas bastante temprano así que no pudimos visitar el museo ni los Winter Gardens, un invernadero que hay anexo al edificio, pero nos deleitamos fijándonos en los detalles de la Fuente Doulton, erigida como homenaje a la Reina Victoria.

Una fuente para la Reina Victoria y un palacio para el pueblo

Nuestro siguiente objetivo era la Necrópolis y la Catedral de Glasgow, pero al visitar la ciudad en fin de semana no nos pudimos resistir a desviarnos en busca de The Barras Market (2). Sobre este lugar hay que decir que no es un mercado para todos los gustos, es más, hemos leído bastantes opiniones en tripAdvisor que te dicen directamente que no hagas caso de las guías y que no vayas. Personalmente, lo que me gustó de este sitio fue justamente lo que todo el mundo critica: su decadencia. Muchos de los puestos están cerrados y es verdad que el ambiente es un poco raro, pero creo que es parte de lo que sorprende del sitio actualmente. A mí me recordaba a los típicos pueblos que vemos en los documentales de la Ruta 66 así que sólo por eso y por un puesto que tenía, literalmente, miles de libros de segunda mano súper baratos, me valió la pena la visita. Así que os dejamos a vuestra elección si desviaros o no, pero si lo hacéis (o ya lo habéis hecho) contadnos la experiencia.

Cerramos este pequeño paréntesis y, ahora sí, pongamos rumbo a la Necrópolis de Glasgow (3), un cementerio victoriano precioso tanto por sus monumentos como por sus vistas (el cementerio se alza en una pequeña colina cercana a la catedral, así que desde la cima obtendréis fotografías alucinantes). Como curiosidad, a pesar de estar tan cerca de la Catedral, la necrópolis fue pensada para ser un lugar de enterramiento multi-religioso, tanto es así que la primera persona enterrada aquí fue un judío.

Las vistas de la Catedral desde la Necrópolis son una de las postales más bonitas de Glasgow

En la Necrópolis de Glasgow se alzan unos 3.500 monumentos

Crucemos ahora el puente que conecta esta colina con la Catedral de Glasgow (4). Antes de hablar del edificio hablemos de su denominación como “catedral”. Este templo data del siglo XII y, ciertamente, fue durante un tiempo la Catedral de Glasgow, entendiendo como catedral el lugar que alberga la catedra del obispo (o, en otras palabras: su trono). Sin embargo, actualmente dicho asiento se halla en la Catedral de San Andrés (St. Andrew’s Cathedral). Por lo tanto, que conozcamos a la iglesia de San Mungo como catedral es un mero recordatorio de sus tiempos pasados. Ahora sí que podemos volver al edificio en sí. Como hemos avanzado se trata de un edificio del siglo XII, construido en estilo gótico y que se levanta en el lugar en el que, en teoría, estaba la tumba del patrón de la ciudad: San Mungo.

Nuestra siguiente parada se debió a un contratiempo que puede que os ocurra teniendo en cuenta que hablamos de Escocia: estaba lloviendo. Nuestro primer instinto al salir de la catedral y encontrarnos con tremendo aguacero fue el de buscar el cobijo más cercano y en este caso fue el museo de San Mungo (5). Por cuestiones de tiempo no nos planteábamos siquiera entrar en este museo, dedicado a explicar religiones del mundo, pero la verdad es que nos gustó bastante el contenido. La entrada es gratuita así que si os interesa el tema no está de más dedicarle unos minutos.

Además de darnos cobijo, el museo de San Mungo nos sirvió de “pasillo” hacía la siguiente visita: Provand’s Lordship (6). Esta casa es la más antigua de Glasgow y, junto con la Catedral, son dos de los pocos edificios que se conservan de la Edad Media en la ciudad. La entrada también es gratuita (en esta ruta realmente todas las entradas lo son) así que no dudéis en echarle un vistazo a su interior, decorado con muebles un poco más modernos que la casa (son del siglo XVII). Al final de la visita aseguraros de pasar por St. Nicholas Garden, un jardín situado justo detrás de la casa.

La casa más antigua de Glasgow

Desde aquí nos fuimos directos al centro de la ciudad, al corazón comercial de Glasgow: Buchanan Street (7). Antes de seguir, hagamos un pequeño inciso. Nuestro objetivo no era ir de tiendas ni visitar los museos que hay por esta zona sino llegar a tiempo para visitar el museo de Kelvingrove, en la zona oeste de la ciudad, así que si vais con la misma idea que nosotros lo mejor es que esta parte la hagáis a paso ligero (ósea, rapidito). Pero volvamos a Buchanan, esta zona está muy ligada al desarrollo mercantil de la ciudad así que no es de extrañar que el nombre de esta calle no haga referencia a militares o gobernantes sino a un pez gordo de los negocios, concretamente a uno relacionado con la industria tabacalera: Andrew Buchanan. Aquí encontraréis comercios de todos los tipos, pero destaca sobre todo la fachada del Princes Square Shopping Centre.

Y del corazón comercial pasemos al corazón civil de la ciudad: George Square (8), la plaza donde se halla la Glasgow City Chambers (vamos, lo que viene siendo la plaza del Ayuntamiento). Aquí también encontrareis estatuas de escoceses de renombre, pero probablemente la que más llame vuestra atención sea la que se alza sobre una columna de 24 metros de altura. Aquí tenía que haber ido la estatua del rey Jorge III, rey que dio nombre a la plaza, pero digamos que a los comerciantes este rey no les acababa de convencer (como veis aquí el que maneja el cotarro es el que tiene el dinero), así que en su lugar se colocó aquí una escultura de un escritor: Sir Walter Scott. Este gesto ya es un homenaje en condiciones, pero quedaros bien con su nombre porque, al lado del monumento que tiene en Edimburgo, presidir la plaza más importante de Glasgow es un homenaje bastante modesto.

Después de echar un vistazo a las estatuas de la plaza, seguimos nuestra ruta buscando otra estatua, una estatua que habíamos leído que recibía un trato especial: la del Duque de Wellington (9). Justo enfrente del GoMA (Gallery of Modern Art de Glasgow) nos encontramos la figura ecuestre del Duque de Wellington ¡con un cono en la cabeza! Esta práctica, que empezó siendo una broma, se ha convertido en un emblema de la ciudad y aparece en postales y toda clase de souvenirs. En cuanto al museo, poco podemos deciros ya que no lo visitamos (ya sabéis que nuestros planes eran visitar un museo muy distinto), pero su entrada es gratuita y en el sótano del edificio se encuentra la Oficina de Turismo (estos datos siempre son de utilidad).

La broma que se convirtió en icono de una ciudad

En este punto de la ruta tomamos la decisión de coger el metro desde Buchanan Street hasta Kelvingrove Hall para ahorrar algo de tiempo (no olvidemos que Glasgow es la ciudad más grande de Escocia y eso conlleva sus distancias). Una vez en el West End, nuestra primera parada fue el Kelvingrove Art Gallery and Museum (10). La entrada a este museo es gratuita y, en mi opinión, su visita es casi obligatoria. No sabríamos definir muy bien su temática ya que en realidad es una mezcla entre un museo de historia, un museo de arte, un museo de historia natural e, incluso, un museo de ciencia; pero el ambiente os atrapará nada más entrar. Además, a nivel artístico este museo alberga obras muy importantes como el Cristo de San Juan de la Cruz de Dalí (obra que, por cierto, después del hype que nos creamos por verla resultó que la habían prestado a otro museo y nos tuvimos que quedar con las ganas).

El edificio del museo de Kelvingrove ya es encantador…

… pero su interior quita el hipo

Después de que casi cerraran la tienda del museo con nosotros dentro, llegó la hora de visitar la Universidad de Glasgow (11). Esta universidad es una de las más antiguas de todo Reino Unido y se remonta al siglo XIV. Sin embargo, su sede principal, la que nos disponemos a visitar, es bastante más moderna y se construyó en estilo neogótico en el siglo XIX. El edificio por sí mismo ya vale una visita, pero si, a diferencia de nosotros, llegáis antes de las 17 horas, en su interior se encuentra el museo Hunterian, el museo público más antiguo de Escocia. Poco más os podemos decir sobre el museo porque no llegamos a entrar. En su lugar, dedicamos el resto de la tarde a pasear por el parque de Kelvingrove antes de volver al centro para despedirnos de Glasgow.

El río Kelvin con la Universidad de Glasgow al fondo

Y ahora, después de este paseo, ¿seguiríais pensando que Glasgow es la “fea”?

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