Londres con London Pass: Día 1

Es nuestro primer viaje a Londres decidimos adquirir un pase turístico London Pass para visitar los principales monumentos turísticos. Teníamos claro que queríamos ver sitios como la Torre de Londres o la Abadía de Westminster y haciendo cálculos nos salía rentable comprar este tipo de tarjeta. Y así fue, sin duda, al final del viaje habíamos amortizado con creces el precio que pagamos (si queréis saber cuál fue el ahorro y cómo funciona este pase os lo explicamos en esta entrada de datos prácticos). Teniendo en cuenta el ahorro, hemos pensado que os podría ser de utilidad contar con las rutas que hicimos y, por qué no, con nuestra opinión sobre las atracciones que visitamos.

CON EL PASE OS VIENE UNA GUÍA CON TODO LO QUE PODÉIS DISFRUTAR

Antes de entrar con la ruta del primer día nos gustaría aclarar algún aspecto sobre el pase en sí. Nosotros compramos el London Pass de 3 días online y lo recogimos en persona al llegar a Londres. Nuestra idea era comenzar ese mismo día con la ruta, pero como no pudimos recoger el pase hasta la hora de comer decidimos posponerlo y comenzar las visitas a primera hora de la mañana. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que la duración del pase es por días naturales, es decir, lo empieces a usar a las 5 de la tarde o a las 8 de la mañana el primer día siempre se cumple al pasar la medianoche (como Cenicienta). O lo que es lo mismo, cuanto más temprano lo activéis más horas tendréis para aprovecharlo. Dicho esto, os contamos nuestro madrugón.

Nosotros nos alojamos en el easyHotel Victoria (también os hablamos de eso en la otra entrada) así que nuestra primera parada era la oficina de Golden Tour en la estación homónima (1). Si os alojáis en otra zona no os preocupéis porque la compañía tiene más oficinas y alguna os puede quedar más cerca. Aquí recogimos nuestro pase de un día para el bus turístico y comenzó nuestra odisea con el servicio “Hop-on-Hop-off Bus Tour”.

Yo sólo había usado un servicio de este tipo una vez antes de esta experiencia porque siempre he preferido ver la ciudad a pie, pero nos convenció el hecho de que es una atracción que abre temprano y que de esta forma nos ahorrábamos los desplazamientos del día (eso y que ya estaba todo pagado con el pase). Con lo segundo nos fue bien, ese día no usamos el metro, pero lo de que empezaba temprano nos falló un poco. La oficina de Victoria abría a las 7 de la mañana, pero el primer bus en esa parada no pasaba hasta las 9:30 (al menos cuando fuimos nosotros). ¿Solución? Andar hasta la siguiente parada que empezara antes de las 8. Fue un inconveniente de “fácil solución”, lo que nos resultó más difícil fue distinguir la parada (es más, no lo hicimos, el chofer del autobús fue muy simpático y nos recogió en otra parada). En Londres hay muchas compañías con autobuses de este tipo, e igual era por ser nuevos en esto, pero nos costó mucho localizar la de Golden Tours (tanto a primera hora como de vuelta al hotel). Si contáis con acceso a internet durante el viaje, su aplicación puede servir de ayuda para no andar tan perdidos.

COMO VEIS A PRIMERA HORA IRÉIS SOLOS EN EL BUS

Lo dicho, la experiencia fue una odisea y después de probarlo me mantengo en que este servicio no es lo mío, pero cumplió con su propósito: nos llevó del punto A (que al final fue el Speaker’s Corner de Hyde Park) al punto B: la Torre de Londres.

La Torre de Londres (2) es uno de los monumentos más visitados de Londres y podría dedicar una entrada entera hablándoos de ella (como veis es una atracción que da para rato, concretamente para tres horas que es lo que pasamos en ella). Así que mejor resumamos.

LA TORRE BLANCA ES LA CONSTRUCCIÓN MÁS ANTIGUA DE ESTA FORTIFICACIÓN

Dentro de esta fortificación, creada en el siglo XI, podemos ver diferentes exposiciones, entre las que destaca la de las Joyas de la Corona (Dios salve a la Reina; y a sus pedruscos). Pero no es oro todo lo que reluce (excepto en las coronas, cetros y vajillas de su Majestad), esta torre también alberga tétricas historias, como la decapitación de personajes tan conocidos como Ana Bolena. A parte de su pasado como prisión, hasta 1828 la Torre de Londres fue el hogar de todos aquellos animalitos que se regalaban los reyes (ya se sabe, si quieres quedar bien con el monarca regálale un animal que no sea de granja), lo que también desencadenó ciertas historias tragicómicas, como el descubrimiento, a expensas de la salud de un pobre avestruz, de que este animal no come clavos de hierro (quién se lo iba a suponer).

Como veis, mucho se puede aprender de la visita a este castillo, pero si queréis saber más cosas y tenéis el tiempo, nosotros nos quedamos con ganas de realizar una visita amenizada por algún yeoman o beefeater y creemos que pueden estar muy bien. Por último, para hacer honor a la fama que probablemente me estoy creando de amante de las leyendas os contaré la leyenda más popular que cuentan sobre la Torre de Londres. Durante la visita es probable que veáis cuervos y es que hay, concretamente, seis cuervos viviendo en la fortaleza. ¿El motivo? Cuenta la leyenda que el día que los cuervos abandonen la Torre, ésta y, para agravarlo más, todo Reino Unido, caerán.

NOSOTROS NOS QUEDAMOS CON GANAS DE UNA VISITA GUIADA POR LOS YEOMEN

Y hablando de cosas que caen, os suena cierta cancioncilla que dice “London Bridge is falling down, falling down”, pues a pesar de que la siguiente parada no tenía nada que ver con este puente no me la pude quitar de la cabeza mientras recorríamos el Tower Bridge (3).

EL PUENTE QUE NECESITA UNA CANCIÓN INFANTIL, ¡YA!

El Tower Bridge no es el protagonista de esta canción, ni mucho menos el puente más antiguo de la ciudad (en realidad se trata de una verdadera obra de ingeniería del siglo XIX), pero no es de extrañar que haya eclipsado al London Bridge. El puente se construyó en estilo neogótico y aunque muchos turistas se van de allí contentos sólo con la foto nosotros os recomendamos la experiencia de entrar.

De la Tower Bridge Experience destacan, sobre todo y en nuestra opinión, dos cosas: pasear sobre el suelo de cristal del puente superior y ver la sala de máquinas.  Si podéis yo añadiría una tercera experiencia que es ver el puente abrirse. Este es un puente levadizo y en Internet podréis encontrar las horas a las que se abrirá cada día. Nosotros no lo vimos así que si lo añadís a vuestra visita contadnos como fue o mandadnos alguna foto.

DEJAOS EL VERTIGO ABAJO CUANDO SUBAIS AL PUENTE

Cruzado el Támesis nos dirigimos a nuestra siguiente parada: el HMS Belfast (4). ¿Qué es esto? Cuando os explique de dónde vienen las siglas HMS lo entenderéis enseguida: estas letras vienen de His/Her Majesty’s Ship o, lo que es lo mismo, el “barco de su majestad”. Así que sí, después de cruzar el río resulta que nuestra siguiente parada está flotando en él.

PASAMOS DE CRUZARLO A “FLOTAR” EN EL TÁMESIS

El HMS Belfast, que tiene este nombre en honor de la ciudad en la que se construyó, fue un barco de guerra que participó tanto en la Segunda Guerra Mundial como en guerras posteriores como la Guerra de Corea. Después de que el barco fuera retirado de su vida militar se tomó la acertada decisión de convertirlo en un barco visitable y que pasase a formar parte del Imperial War Museum. Sobre este museo tendréis una entrada detallada en la que os hablaré de las sedes que tiene, así que aquí no ahondaré mucho más. Eso sí, no olvidéis coger la audioguía, ya que contiene testimonios de tripulantes del barco que no tienen desperdicio. Y ya que he aprovechado para daros una advertencia, aquí va la segunda: ¡cuidado con la cabeza!

Nuestra última parada del día fue el Shakespeare’s Globe Theatre (5), una de las más gratas sorpresas del viaje. Partamos de la base de que el Globe actual es una reconstrucción “hipotética” del antiguo Globe de época de Shakespeare. ¿Qué pasó con el primer Globe? Podríamos decir que el paso de los años hace mella a cualquiera, pero la historia es un poco más ardiente (“if you know what I mean”). El primer Globe ardió por culpa de los efectos especiales, ya que durante la representación de una obra se disparó un cañón que incendió el techo de paja y, en consecuencia, todo el teatro. Al poco tiempo se construyó, en el mismo sitio, un segundo Globe que acabó siendo demolido y, por último, unos metros más allá y más de 300 años después, un tercero que es el que se puede visitar. Para construir este último se usaron las mismas técnicas que se piensa que se usaron para construir el primero con ligeras variaciones como la presencia de lavabos (¡gracias a Dios!) y mejoradas técnicas anti-incendio.

UN TEATRO CONSTRUIDO CON TÉCNICAS DEL SIGLO XVI

Sobre la visita, si vais durante la temporada de verano es posible que coincidáis con ensayos en el teatro, ya que se trata de un recinto en uso. Al ser un teatro al aire libre y teniendo en cuenta el clima de Londres, es lógico que las obras de teatro se concentren en la temporada de verano. El problema de esto es que la guía no puede hacer explicaciones dentro del teatro y tampoco se pueden hacer fotos, pero lo bueno es que no todos los días se ve actores ensayando obras de Shakespeare, ¿no?

Si vais a nuestro ritmo, cuando salgáis de esta parada todas las demás atracciones estarán cerradas, así que toca cenar o volver a “casa” (¿a vosotros también os pasa que habláis del hotel como si fuera vuestra casa?). Como recordaréis todavía tenemos el pase del bus turístico así que llegados a este punto retomamos la odisea de encontrar una parada. Casi una hora después, cuando dimos con la [introducid aquí la palabra malsonante que prefiráis] marquesina, cogimos el último bus destino Victoria y pusimos punto y final al primer día con el London Pass habiendo amortizado casi la totalidad del precio del pase para 3 días.

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