Un día en Brujas

Brujas es conocida como la “Venecia del norte” y, ciertamente, le debe a los canales su fama e, incluso, su nombre. Bueno, en realidad, no le debe el nombre a los canales en sí sino a los puentes que los cruzan, en neerlandés: brugge (no, el nombre no viene de esas señoras con verrugas que montan en escoba, lo siento). Pero, ¿qué más tiene Brujas que ofrecernos? Y, ¿qué podemos ver si sólo tenemos un día?

Nuestro medio de transporte en Bélgica fue el tren, por lo que nuestra ruta comienza en la estación. Desde aquí nos dirigimos al Parque Minnewater (1), que traducido sería el “Lago del Amor”. Este es uno de los parques más bonitos de la ciudad y uno de los múltiples rincones románticos de Brujas. No sólo el ambiente es propicio para pasear en pareja, sino que el parque esconde una leyenda de amores prohibidos. Esta leyenda cuenta la historia de Minna y de cómo su padre, al no aceptar al hombre del que ella estaba enamorada, decide obligarla a casarse con otro. La joven, que no sabía cómo evitar la boda, huye al bosque, pero para cuando su amado la encuentra, ella ya yace muerta. El joven, llamado Stromberg, apenado, decide enterrarla en ese mismo punto e inundar su tumba, creando el lago Minnewater.

EL LAGO DEL AMOR

Nuestra siguiente parada es el Begijnhof o Beaterio de Brujas (2), pero no podemos hablaros de este punto sin mencionaros primero el porqué de la gran cantidad de cisnes que veréis de camino. Aquí leyenda e historia se cruzan. En 1488 el pueblo de Brujas ejecutó al consejero de Maximiliano de Austria, Pieter Lanchals. La familia Lanchals, que literalmente significa “cuello largo”, tenía el cisne como emblema y cuenta la leyenda que el emperador castigó a la ciudad obligándola a mantener cisnes en sus lagos por toda la eternidad. En cuanto al beaterio, actualmente ya no hay beatas en Flandes, pero este beaterio fue reocupado por monjas benedictinas por lo que mantiene sus reglas: a partir de las seis y media de la tarde el conjunto se cierra y los hombres dejan de ser bienvenidos en su interior.

LOS CISNES DE BRUJAS FRENTE AL BEATERIO

La Iglesia de Nuestra Señora (3) alberga la construcción más alta de Brujas. Su campanario mide más de 120 metros y además de ostentar este privilegio, también es una de las construcciones de ladrillo más altas del mundo.  La entrada a la iglesia cuesta unos 6€, aunque durante los periodos de restauración el precio de la entrada se reduce a 4€ porque hay zonas que dejan de ser visitables. Nosotros no entramos, pero la pieza estrella si decidís entrar es la Madonna de Miguel Ángel, una de las pocas esculturas de este artista que existen fuera de Italia.

Tras la Iglesia de Nuestra Señora encontramos uno de los rincones más fotografiados de Brujas, el Puente de San Bonifacio (4). Irónicamente, aunque el ambiente que se respira en este rincón nos traslada al medievo, este es uno de los puentes más modernos de Brujas ya que se remonta únicamente a inicios del siglo XX. Sea moderno o no, este rincón es una de las postales más típicas de la ciudad lo que, desgraciadamente, también implica que os lo encontraréis siempre lleno de turistas.

PANORÁMICA DESDE EL PUENTE DE SAN BONIFACIO

De camino a la primera de las dos plazas más importantes de Brujas nos encontramos la Plaza de los Curtidores y el Mercado de Pescado (5). Entre el olor resultante del trabajo del cuero y el olor a pescado no os debe sorprender que en una esquina de la Plaza de los Curtidores exista una escultura con cara de no soportar el olor: ésta debía ser la cara que ponía más de uno cuando pasaba por aquí en el medievo. En el centro de la plaza aún se puede ver una columna con dos leones sujetando el escudo de los curtidores. En cuanto a la plaza del mercado, de martes a sábado encontraréis algunos puestos de artesanías en los antiguos puestos de pescado.

ESTA ES LA CARA DE POCOS AMIGOS QUE SE TE QUEDABA ANDANDO POR AQUÍ

Llegamos a una de las plazas principales de la ciudad, la Plaza Burg (6). Esta plaza es el centro administrativo de la ciudad ya que en ella se encuentra el ayuntamiento o Stadhuis; y el Palacio de Justicia. Otro de los edificios que nos encontramos en torno a esta plaza es la Basílica de la Santa Sangre, que está compuesta, en realidad, por dos iglesias, una en cada planta del edificio. Quizás ya lo habéis intuido pero lo más relevante de esta basílica es que en su interior se guarda la reliquia de la Santa Sangre, un cilindro en el que supuestamente se guardan unas gotas de la sangre de Cristo.

La otra gran plaza de la ciudad es la Grote Markt (7), la plaza del mercado. Entre los edificios que rodean esta plaza destaca el campanario de Brujas o Belfort, al que se puede subir si os atrevéis con la friolera de 366 escalones. Desde arriba podéis contemplar una panorámica de toda la ciudad, aunque nosotros no subimos porque el día estaba muy nublado. En la fachada opuesta de la plaza destacan las casas gremiales de distintos colores, otra de las grandes postales de Brujas.

LAS CASAS GREMIALES DE GROTE MARKT

Después de comer unas patatas fritas en la Grote Markt (mejor con salsa andalouse, pero de esto ya os hablaremos en otro post), nos dirigimos a las afueras de la ciudad para ver los molinos de Brujas. Se trata de un paseo muy agradable y, al ser una zona menos turística, podréis descansar de las masificaciones (Brujas realmente es MUY turística). De camino a la estación volvimos callejeando, huyendo de las zonas más masificadas y descubriendo la ciudad del día a día de los brujenses (sé que este gentilicio suena raro, pero prometo que lo he buscado en Google).

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