Del Coliseo a la Fontana di Trevi: un paseo por la ciudad de Roma

Después de nuestra primera experiencia en la ciudad eterna nos ha quedado clara una cosa: a Roma no se puede ir sólo una vez en la vida (y mucho menos si sólo vais un fin de semana como ha sido nuestro caso). Roma es una ciudad que invita a perderse y que no os dejará indiferentes si lo hacéis. Por eso mismo no os podemos dar una ruta para conocer la ciudad en un día (porque os estarías perdiendo parte de su encanto), lo que haremos es haceros una propuesta de paseo e invitaros a saliros de él todas las veces que queráis:

Nosotros comenzamos el día en el Coliseo (1), lo que nos ayudó a ahorrarnos las colas que se forman, así que os recomiendo que empecéis por aquí. ¿Qué más contar del famoso Coliseo? Es el símbolo de la ciudad así que sin duda ya teníais en mente hacerle una visita. Por daros algunos datos, el monumento se construyó entre el 72 y el 80 d. C bajo el mandato del emperador Vespasiano (este emperador pertenecía a la dinastía Flavia, lo que explica que el Coliseo también reciba el nombre de Anfiteatro Flavio). Tenía una capacidad de unos 50.000 espectadores y su inauguración duró la friolera de 100 días.

El Coliseo por dentro

Con la misma entrada que habréis comprado para ver el Coliseo (espero que sin hacer grandes colas) podréis visitar también el Foro Romano y el Palatino (2). Así que entrada en mano nos dirigimos al Foro. El conocido como Foro Romano fue el centro de la vida civil, económica y religiosa en Roma durante el periodo de la República (luego estarían los Foros Imperiales, pero eso queda para otra visita). El Foro está atravesado por la Vía Sacra, que une este espacio con el Coliseo y en torno a la cual encontraremos los restos de numerosas edificaciones importantes como los arcos de Tito y Constantino, la Casa de las Vestales, el Templo de Julio Cesar… Tomaros vuestro tiempo en esta zona antes de iniciar la subida al Palatino.

El Foro Romano desde el Tabularium (en los Museos Capitolinos)

Según cuenta la leyenda, el Palatino fue el lugar elegido por Rómulo para fundar su querida Roma, por lo que no sólo os hallaréis en la zona de residencia de los césares sino en la cuna de la ciudad que veréis a vuestros pies. Con los años esta colina se consolidó como la vivienda de los diferentes emperadores, por lo que no es de extrañar que sea aquí dónde debamos buscar el origen de la palabra “palacio”.

La siguiente parada de nuestro paseo es obligatoria para cinéfilos y amantes de Audrey Hepburn: la Boca de la Verdad (3). No creo que nadie que haya visto Vacaciones en Roma se pueda resistir a hacerle una visita a esta mítica máscara y, ¿por qué no?, a gastarle la famosa broma a alguno de nuestros acompañantes. Ya sabéis, absteneros de meter la mano los mentirosos y los infieles u os podéis quedar sin ella. Encontraréis este elemento en la Basílica de Santa María in Cosmedin y de camino no dejéis de fijaros en el Circo Máximo, la mayor pista de carreras de la antigüedad romana.

Santa María in Cosmedin: en el interior encontraréis la Boca de la Verdad

Desde aquí nos dirigimos a la Piazza del Campidoglio pasando por el Teatro de Marcelo, el único teatro antiguo que queda en pie en Roma. Esta plaza fue diseñada por el propio Miguel Ángel y si bien merece por sí misma una visita nosotros vinimos aquí con otro objetivo: explorar los Museos Capitolinos (4) en busca, entre otras obras, de la Loba Capitolina. Un dato que os puede interesar sobre esta obra: la loba y los gemelos son de momentos totalmente distintos. La loba es anterior (la datación está muy discutida pero probablemente sea medieval) y no tiene nada que ver con la loba de la leyenda mientras que los gemelos que representan a Rómulo y Remo se añadieron ya en el Renacimiento. Otro motivo de peso para visitar los Museos Capitolinos es que desde el Tabularium se consigue la que creemos que es la mejor foto del Foro del Romano.

De plaza en plaza y tiro porque me toca. La siguiente es la Piazza Venezia, dónde se alza el Monumento a Victor Manuel II, primer rey de Italia tras su unificación. Desde este monumento, también conocido como Il Vittoriano (5), podréis obtener unas vistas increíbles y subiendo os encontraréis la tumba al soldado desconocido, un tipo de monumento que podremos encontrar en varias ciudades de Europa y que presta homenaje a los caídos durante la Primera Guerra Mundial.

Llegamos ahora a un momento delicado de la ruta. Si como nosotros os habéis detenido a saborear cada esquina (me refiero a deleitarse con los detalles, pero sí, a estas alturas también nos habíamos tomado algún que otro helado) es probable que encontréis la siguiente parada cerrada, pero no dejéis de entrar en cualquier otro momento. Se trata del Panteón de Agripa (6), que cierra normalmente a las 19:30 y los domingos a las 18:00 horas. Lo que más sorprende de este monumento es su tamaño y su buen estado de conservación. La razón de esto último salta a la vista al entrar y es que el panteón fue transformado en una iglesia cristiana a principios de la Edad Media (de no ser así, seguramente hubiera corrido peor suerte).

Con las últimas paradas no nos tenemos que preocupar de la hora, es más, creo que hay que verlas tanto de noche como de día. Desde el Panteón podemos caminar hasta la Piazza Navona (7), una de las plazas más concurridas de Roma. Aquí destacan, sobre todo, las tres grandes fuentes, así como los diferentes palacios barrocos que delimitan su perímetro. Y de aquí a la última parada: la Fontana di Trevi (8). En este caso no os daremos datos sobre la fuente sino leyendas, concretamente os explicaremos el tema de las monedas porque es más complejo de lo que parece. Nosotros habíamos oído que lanzar una moneda a la fuente garantizaba tu regreso a Roma, lo que desconocíamos es que lanzando una segunda te garantizas tener un romance y con una tercera acabarás casado (o si ya lo estás, divorciado). Sea como sea la cuestión es lanzar al menos una moneda y contribuir así a mantener la media de que al día se arrojan unos 3.000€ a la fuente (que se dice pronto).

Última parada: La Fontana di Trevi 

Según nuestros cálculos, a estas alturas ya deberéis estar pensando en cenar así que aprovechad que la zona es bastante concurrida para probar una buena pizza (o cualquier otra cosa, que sabemos que Italia no es sólo eso) y descansar para el “paseo” que tengáis planeado para el día siguiente.

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